Discurso y acción climática

Thursday, 18 June, 2015 - 10:39

Como otra de las tantas frustraciones frente a las expectativas que han generado las grandes cumbres ambientales y en particular las Conferencias de las Partes (COP) sobre Cambio Climático, se denunció en la presente semana el incumplimiento del compromiso con los aportes de las grandes economías para el Fondo Verde para el Clima, que se creó entre las cumbres de Copenhague (2009) yDurban (2011). De acuerdo con las cifras de la ONU, el recaudo a la fecha solo alcanza 42% del estimado del recaudo total, y los principales “incumplidos” son los de siempre: Estados Unidos y Japón.

A siete meses de la próxima Conferencia de las Partes, que se realizará en París, podríamos augurar varias cosas: Que por ser en París, y no en una capital del sur, habrá más jefes de gobierno y organismos oficiales entre los participantes; que los científicos y las ONG llevarán cifras del avance del cambio climático y sus efectos, y que estas serán más alarmantes que las de los años anteriores; que no nos habremos terminado de poner de acuerdo sobre los modelos de predicción del cambio y menos sobre las medidas de adaptación y mitigación; que en los discursos oficiales abundarán las alusiones al compromiso, la responsabilidad y el futuro de nuestros hijos; y que al final de la cumbre, quizá por coincidir con el final del año, por la inestabilidad de la economía global, por los precios del petróleo, o porque hay que hacer turismo por París, las sesiones para ratificar los verdaderos compromisos serán infructuosas… al fin y al cabo, a juzgar por los anteriores, es poco probable que los mismos se cumplan.

Sería un atrevimiento señalar que las grandes cumbres mundiales han sido totalmente inútiles, pero no temo equivocarme si las calificara de ineficaces.

Pero la ineficacia no se debe solo al incumplimiento de compromisos, sino fundamentalmente es que quienes están asumiendo los compromisos no son los que pueden promover los verdaderos cambios. El mundo occidental, en medio de las diferencias, guarda cierta similitud en la significancia de la figura presidencial, pero también en que la relevancia política y económica de dicha figura sigue perdiendo peso frente a los grandes capitales privados y frente a la autonomía y relevancia política de los gobiernos subnacionales.

Cuando se asiste a una de estas cumbres, no debe sorprender que los pabellones de las grandes empresas petroleras, mineras o automotrices sean más grandes y mejor organizados que los de los países. Tampoco sorprende que tanto en los acuerdos de las cumbres como en las decisiones de política al interior de los países, los gobiernos cuiden los intereses del sector privado global, para propiciar y mantener la “confianza inversionista” que encadena empleos y empuja el crecimiento económico. El deterioro ambiental es sin duda una minucia y un discurso de quienes se oponen al progreso.

Y por otro lado, por mucho que se expresen públicos compromisos, es cada vez menor el margen de incidencia que tienen los gobiernos nacionales en las decisiones de política que verdaderamente impactan en la agenda climática. Si en algo hay coincidencia es en la urgencia de la reducción de emisiones y en las medidas más efectivas para ello: optimización de los sistemas de transporte, reducción del uso de combustibles fósiles, disminución y disposición adecuada de residuos, establecimiento de sistemas energéticos eficientes, ordenamiento del territorio y de las actividades productivas… todas ellas responsabilidades de los gobiernos locales, como lo son la previsión y atención de riesgos y desastres, y la atención de condiciones de vulnerabilidad en las que viven muchas familias.

A cinco meses de la elección de alcaldes y gobernadores en Colombia (además de concejales y diputados), resulta relevante preguntarle a quienes aspiran a los cargos de elección popular si han considerado su potencial incidencia en la agenda climática, tanto en su contribución a la mitigación como en el diseño y aplicación de medidas de adaptación. Pero no se les pide que incorporen, como lo hacen los presidentes, discursos sensibles pero débiles. Se les pide acción, en campos en los que tienen competencia, recursos y obligaciones. Se les pide responsabilidad, advirtiendo que todo lo que hagan en estos frentes es posible que no sea visible en sus cuatro años de gobierno, pero será la clave para la permanencia de la vida que conocemos.

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Betancourth López, Andrés Felipe

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Betancourth López, Andrés Felipe

Médico Veterinario Zootecnista. Especialista en Agroforestería y con MSc en Sistemas de Producción Agropecuaria. Ha sido miembro del Comité Técnico de CONDESAN y actualmente es parte del Consejo Directivo. Ha sido Profesor Universitario y Rector del Instituto de Educación Superior CINOC, en la cuenca de La Miel, Colombia.

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Colombia
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