Los aportes de la milpa tradicional a la seguridad y soberanía alimentaria de campesinos e indígenas de México.

Jueves, 25 Mayo, 2017 - 11:37

El maíz es probablemente el grano más estudiado en la actualidad y también es el que más se produce en todo el mundo; la producción actual ronda los mil millones de toneladas anuales. En la actualidad, existen distintas teorías sobre su origen; sin embargo, la más aceptada es la que explica que proviene del teocinte, una planta silvestre, pariente cercana del maíz que se encuentra solamente en la región mesoamericana y de la que se considera su evolución hasta convertirse en el maíz moderno que actualmente conocemos  (Serratos, 2012).

Tan solo en México, encontramos maíces adaptados a diversas condiciones edafoclimáticas y biofísicas en general, existen variedades que se cultivan desde el nivel del mar y otras adaptadas a altitudes cercanas a tres mil quinientos metros; también algunas razas que se desarrollan con precipitaciones de 500 mm anuales y otras que requieren casi 3,000 mm; los tamaños de las mazorcas varían desde 6 cm que mide el palomero hasta 70 cm la raza Jala. Hay variedades adaptadas a la diversidad de condiciones climáticas y de suelos. Sin embargo, el factor humano ha incidido para que actualmente conozcamos la gran agrodiversidad de maíces nativos. Los grupos campesinos e indígenas son los responsables de mejorar, conservar y preservar esta diversidad; un ejemplo de esto es la conservación del maíz ajo o maíz tunicado (Zea tunicata) por indígenas otomíes de la región oriente de Tlaxcala.

En América existen aproximadamente 220 razas de maíz, de las cuales Bolivia mantiene 77 de ellas, a la que le sigue Perú con 66 y México con 59 razas nativas. No obstante, este último es el principal consumidor de maíz de forma directa en una gran diversidad de platillos como tortillas, atole, tamales, quesadillas, tlacoyos, tostadas, elotes, esquites, chile-atole, etc.

En Mesoamérica el maíz se sembró varios siglos antes a la llegada de los españoles en forma de policultivo, es decir, asociado con otras plantas como los frijoles y las calabazas. A esta manera de cultivo se le llama “milpa”, “sistema milpa tradicional”, “las tres hermanas”, “la triada mesoamericana” […]

La milpa tradicional tiene diversas bondades tanto en el sistema de producción, como en sus aportes a la seguridad y soberanía alimentaria de las familias campesinas e indígenas que la cultivan. De forma tradicional se asocia el maíz (Zea mayz L.), que es una gramínea de raíces fibrosas, extractora de nutrientes, clasificada como C4[1] (Ruíz et al., 2013) como cultivo principal, con alguna leguminosa como frijol enredador (Phaseolus vulgaris L.); ayocote enredador (Phaseolus coccineus L.) o haba (Vicia faba L.), etc. (C3)[2].  Las leguminosas profundizan más en el suelo para absorber los nutrientes que están lixiviándose a capas profundas, aflojan y perforan el subsuelo, fijan nitrógeno atmosférico al suelo, debido a la simbiosis con las bacterias de Rhizobium. Los frijoles enredadores trepan sobre el maíz aprovechando la estructura de aquella planta.

El otro componente importante es la calabaza (Cucurbita ssp.), de la familia de las cucurbitáceas clasificadas igualmente como C3, cuyos beneficios en el suelo es ayudar a la formación de un microclima especial que no permite la entrada de mucha luz al suelo y así evita el crecimiento de arvenses. Adicionales a estas tres plantas principales, en algunas zonas de Mesoamérica se siembran también las amarantáceas (amaranto) y solanáceas (chiles, tomates y jitomates).

El aporte de alimentos de todos estos cultivos es interesante, pues no se aparecen en una sola etapa: Cuando se siembra la milpa, en ese momento, hay arvenses comestibles como los quelites, que son recolectados y preparados en diversos platillos; existen diversidad de arvenses comestibles en las diferentes etapas del cultivo como las lengüitas (Calandrinia micrantha Schltdl.), verdolagas (Portulaca oleracea L.), quintoniles (Amaranthus hybridus L.), quelites cenizos (Chenopodium spp.), malvas (Malva parviflora L.), etc.

Además, con la milpa se empieza la colecta de alimentos cuando las calabazas inician a florecer, momento en el cual se recolectan las flores masculinas que son abundantes constantes, las cuales, se aprovechan para quesadillas y otros platillos. Posteriormente se colectan algunas calabazas tiernas, habas verdes y ejotes que son utilizados como verduras. Cuando inicia la época de elotes, se complementan con las arvenses y leguminosas cosechadas para preparar la sopa milpa (habas verdes, granos de elote, calabazas verdes, flores de calabaza, epazote y malvas en caldo de pollo). Igualmente se aprovechan los huitlacoches (Ustilago maydis), hongos que son muy apreciados y actualmente se cultivan por la demanda que tienen en el mercado mexicano; se preparan fritos con granos de elote a los que se les añade ajo, cebolla y epazote.

Cuando los cultivos inician el proceso de maduración también se pueden aprovechar, por ejemplo,  el frijol zarazón es utilizado para ser consumido en guisados como el pipián (chile molido con cacahuate, ajonjolí y especias). Asimismo, con las habas zarazonas se elaboran tlacoyos y con el maíz zarazón molido y acompañado de guayaba, crema o mantequilla, canela, se prepara una especie de galletas de maíz que en el centro de México se les conoce como tlaxcales.

Por supuesto que al cosechar los diferentes cultivos tienen uso para la típica comida mexicana. Sin embargo, hay otros elementos que se aprovechan de la finca como plantas silvestres medicinales, aromáticas e insectos como los chapulines. Esto es posible debido a que no se emplean herbicidas para el sistema milpa, precisamente por el intercalado de plantas de hoja ancha y de hoja angosta.

Desafortunadamente, el sistema milpa tradicional cada vez se siembra menos, porque implica mayor trabajo humano durante el deshierbe y la cosecha, actividades que requieren mucha mano de obra. Lo más factible desde la perspectiva económica es sembrar maíz en monocultivo para así poder emplear herbicidas y maquinaria que suple a los jornales. No obstante, esta forma de producción tiene un impacto ambiental y social negativos y sus aportes a la seguridad y soberanía alimentaria son menores que el sistema milpa. Es por esto que la FAO ha considerado a la milpa como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial.

Bibliografía Consultada:

Serratos, H. J. A. 2009. El origen y la diversidad del maíz en el continente americano. Greenpeace, México. 36 pp.

Ruíz, C. J. A.; G. Medina G.; I. J. González A.; H. E. Flores L.; G. Ramírez O.; C. Ortíz T.; K. F. Byerly M. y R. A. Martínez P. 2013. Requerimientos agroecológicos de cultivos. SAGARPA, INIFAP. Tepatitlán de Morelos, Jalisco, México. 564 pp.

 


[1] Las plantas C4 tienen un mayor gasto energético porque requieren la producción de una enzima extra (PEP), pero lo compensan con una mayor eficiencia del uso de agua, mayor crecimiento y eficacia en la fotosíntesis a temperaturas altas.

[2] Este tipo de planta fijan el CO2 realizando el ciclo de Calvin, catalizado por la enzima Rubisco. Existe un proceso respiratorio no mitocondrial que consume O2 y produce CO2 estimulado por la luz, conocido como fotorrespiración. Cobra importancia en las plantas C3 porque disminuye la capacidad fotosintética: la velocidad de la fotosíntesis neta decae al fijarse menos carbono con el mismo gasto de agua. Además para compensar la pérdida de CO2 se tiende a una apertura estomática. Todo esto conlleva a una menor eficiencia del uso del agua.

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Sánchez Morales, Primo

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Sánchez Morales, Primo

Primo Sánchez Morales es Ingeniero Agrónomo en sistemas de producción agroindustrial, Maestro en Ciencias y Doctor en Estrategias para el Desarrollo Agrícola Regional por el Colegio de Postgraduados Campus Puebla, México. Originario del municipio Españita, Tlaxcala, México, de origen campesino, cuya formación académica en posgrado ha sido relacionada con actividades agroecológicas desde lo práctico- teórico. En su experiencia laboral destaca haber sido facilitador en educación ambiental y prácticas agroecológicas en comunidades rurales de Tlaxcala, además de impartir cátedras, actualmente en el programa de maestría sobre Manejo Sostenible de Agroecosistemas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México.

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México