Lluvias de verano, montañas y legislación forestal

Lunes, 14 Enero, 2013 - 13:46

En enero de 2011 las ciudades de la región de sierra de Rio de Janeiro, ubicadas a 2 horas de la conocida ciudad, sufrieron la más grande catástrofe natural de Brasil. Fuertes lluvias provocaron el derrumbe de montes, piedras y árboles, resultando en más de 900 muertos, casas destruidas y miles de familias damnificadas. (vea imágenes de la tragedia aquí)

La región tiene tradición turística y producción rural, de significativa influencia germánica, pero la falta de control urbanístico permitió la ocupación de áreas de riesgo, lo que agravó mucho los daños materiales y humanos  de los deslizamientos y crecidas de los ríos.Cerca de esta área se localiza el bellísimo Parque Nacional da Serra dos Órgãos.

Dos años después de la tragedia vuelven las lluvias de verano, y aunque no hayan ocurrido nuevos accidentes, persisten las precariedades. Solamente un pequeña parte de los recursos liberados para obras de emergencia fueron efectivamente aplicados y la populación sigue insegura. Un alcalde fue echado por corrupción, otros culpan a la burocracia por la no utilización de los presupuestos aprobados.

No es nuevo el hecho que las montañas son especialmente vulnerables a las condiciones climáticas extremas, pero el peligro se amplía mucho por la baja disposición de las municipalidades en actuar de manera efectiva en el control de la ocupación del suelo. No faltan leyes, pero su no aplicación es parte de una cultura política insana. Además, en el año pasado la locura ganó fuerza de ley. Un radical cambio en la legislación forestal brasileña resultó en la reducción de las fajas de protección de ríos y montañas. Ahora la recuperación de áreas deforestadas irregularmente ya no es una obligación, puede ser hecha a muy largo plazo con árboles no autóctonos y, en casos de áreas de pequeña producción rural consolidada, la recuperación es dispensable.

La idea de que bosques y árboles son un problema para el crecimiento económico es el fundamento no explícito de la nueva legislación, que fue aprobada por la gran mayoría de los diputados y senadores, en contra la opinión pública, la comunidad científica y el Ministerio Publico. La Presidenciasancionó la ley con vetos que amenizaran la situación, pero todavía hay un preocupante retroceso en la protección ambiental del país.

Además de los vetos presidenciales, algunas organizaciones ambientalistas se están organizando para proponer al gobierno decretos aplicables a algunos aspectos de la nueva ley, con la perspectiva de reducir la pérdida. La idea es garantizar la aplicación de todo lo que sea posible para la recuperación forestal, aunque en dimensiones inferiores a las recomendaciones científicas.

En este mes, más de 5 mil alcaldes en todo Brasil recién empiezan nuevos gobiernos municipales y muchos de ellos ya enfrentan desafíos climáticos concretos, desde sequias en el nordeste hasta inundaciones en el sur y sudeste. Quizás la propia dinámica de la naturaleza sea el factor para la toma de conciencia acerca de la imperativa necesidad de protección ambiental básica como elemento de seguridad social y calidad de vida.

La pregunta es inevitable, así como las lluvias de verano. Cierto es que llegara el tiempo, temprano o tarde, en que la sociedad reflejará en sus gobiernos sus verdaderos deseos y necesidades. En este tiempo ya nadie tendrá dudas de las interrelaciones entre cielos y tierras, nubes y montañas, forestas y ríos, naturaleza y hermandad.

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