No dejes que Nuestro Futuro se Seque

Miércoles, 19 Junio, 2013 - 09:56

Por Fundación Agreste, corresponsal de InfoAndina

 

El tema del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación 2013 es la sequía y la escasez de agua.

 

El agua dulce es valiosa. De toda el agua en la Tierra, sólo el 2,5% es agua dulce. Y de toda esta agua dulce, la oferta total utilizable de los ecosistemas y los seres humanos es menos del 1%. Cuando la demanda de agua supera la oferta disponible, se traduce en la escasez de agua.

 

Las tierras secas son particularmente vulnerables a la escasez de agua. La intensificación proyectada de la escasez de agua dulce causa un mayor estrés en las tierras secas. Mientras que cada persona necesita un mínimo de 2.000 metros cúbicos de agua cada año para el desarrollo sostenible y el bienestar humano, la gente en las tierras secas tiene acceso a sólo 1.300 metros cúbicos al año.

 

El objetivo del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación es crear conciencia sobre los riesgos de la sequía y la escasez de agua en las tierras secas y más allá, llamando la atención sobre la importancia de mantener suelos saludables como parte de la agenda de Río+20, así como de la agenda de desarrollo sostenible post 2015.

 

El lema de este año, "No dejes que nuestro futuro se seque" convoca a todos a tomar medidas para promover la preparación y resiliencia a la escasez de agua, la desertificación y la sequía. El lema encarna el mensaje de que todos somos responsables por el agua y la conservación de la tierra, así como de su uso sostenible, y que también existen soluciones a estos graves desafíos en relación a los recursos naturales. La degradación de la tierra no tiene que amenazar nuestro futuro.

 

Agua, preciado recurso

 

El Foro Económico Mundial, en su Informe de Riesgos Globales 2013, sugiere que la disminución del suministro de agua es uno de los cinco principales riesgos, tanto de probabilidad como de impacto, a los que se enfrentará la humanidad en los próximos diez años. El aumento de la escasez de agua y las sequía, en parte como resultado del cambio climático, aceleraría potenciales impactos sociales y económicos negativos en la seguridad alimentaria, la disponibilidad de energía, la estabilidad política y la paz.

 

El agua dulce es renovable, pero depende del continuo buen funcionamiento de los ecosistemas. Alrededor del 70% de agua dulce disponible a nivel mundial se mantiene en el suelo y es accesible para las plantas, y sólo el 11% es accesible como flujo de corriente y agua subterránea. A nivel mundial, la agricultura representa al menos el 70% del uso de agua dulce, y hasta un 90% en algunas economías de rápido crecimiento. Pero las prácticas agrícolas no sostenibles contaminan fuentes de agua dulce y provocan la degradación de la tierra. La degradación del suelo a su vez reduce las capas freáticas, lo que resulta en la escasez de agua y la intrusión de sal en las zonas costeras, así como el empeoramiento de los efectos de la sequía en las poblaciones y de los ecosistemas afectados. Se prevé que los efectos de la desertificación, la degradación de las tierras y la sequía pueden exponer a casi dos tercios de la población mundial a una mayor escases de agua en 2025.

 

Las sequías tienen un impacto crítico en la producción agrícola y han contribuido al aumento de los precios de los alimentos y la escasez en todo el mundo. En 2012, los terratenientes grandes y pequeños, en los países exportadores de alimentos y los países pobres, se vieron gravemente afectados por la sequía. Pero es la gente de las tierras secas, especialmente los pequeños agricultores y los pobres sin tierra en las zonas rurales del mundo en desarrollo, son más propensas a pasar hambre e incluso a perder la vida.

 

Sin embargo, la sequía no tiene que cobrarse vidas. A diferencia de los terremotos y otros desastres naturales, la sequía es predecible, y los efectos pueden ser mitigados. La desertificación también es predecible, evitable y reversible en muchos casos a través de la restauración de tierras degradadas, cuando aún es factible. Pero tal vez se debe a la sequía y la degradación de la tierra se desliza sobre la humanidad poco a poco y en silencio, que el mundo se deja engañar subestimando su impacto económico, social y humanitario, hasta que es demasiado tarde.

 

Hay muchas estrategias que se pueden adoptar para ayudar a salvar vidas y los medios de vida en las comunidades afectadas por la sequía. Al reestructurar las políticas en materia de preparación para la sequía y la gestión del riesgo, en lugar de la respuesta a los desastres, se pueden realizar inversiones que son mucho más rentables que el envío de ayuda humanitaria después de la crisis ha ocurrido. A través de intervenciones sociales y económicas entre las comunidades vulnerables, la capacidad y la resistencia para soportar los efectos de la sequía se pueden fortalecer. Al fomentar la gestión sostenible de la tierra, el establecimiento de sistemas de alerta temprana que conducen a las acciones y a incentivar los medios de vida alternativos a la agricultura y el pastoreo, los efectos de la sequía, especialmente entre los pobres del mundo, no tienen por qué ser tan devastadores.

 

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río +20) los líderes mundiales instaron a emprender acciones colectivas para lograr "un mundo con degradación de la tierra neutral", en el que se evita la degradación de la tierra, donde la tierra degradada es restaurada y donde la salud del suelo está protegida preferentemente en el mismo ecosistema. Cuando el suelo está sano, tiene más agua subterránea, y los efectos de la sequía son menos severos.

 

 

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